—Los padres no se eligen, es el destino. ¿Por qué debería sentirme culpable? —Ammy desvió la mirada, incómoda.
—Si no sientes culpa, ¿por qué no les diste la dirección de Sara?
Ammy apretó el volante con fuerza.
—Ella ya se fue de Ciudad de México. Ni siquiera sé a dónde se fue.
—Sabía que no eras tan mala persona. —La miré con una mezcla de burla y satisfacción.
Ella siempre se había jactado de tener contactos por todas partes, pero cuando la situación la superaba, se acobardaba. Tenía ganas de