Era hora de almuerzo, y alrededor de la revista había mucha gente. Algunos se detenían a mirar, otros grababan con sus celulares, y las voces curiosas se mezclaban en murmullos:
—¡Cómo puede tratar así a sus propios padres! ¡Desalmada!
—Ella es la editora de Voces Latinas. ¿Cómo va a sacar una buena revista con alguien tan despiadado a la cabeza?
—Si ya no reconoce a sus padres ahora que apenas es editora, imagínate cuando llegue más alto. No va a respetar a nadie.
—¡Ellos no son mis padres! —Am