—Eso no es caridad, es puro espectáculo. Y ese Hugo, maldito idiota, se cree muy listo, pero no tiene ni una sola prueba de que Juana lo está manipulando —dijo Diana con desdén.
—Ella pagará por lo que ha hecho —respondí con frialdad.
Juana me había tratado como su juguete desde el principio, calculando cada movimiento. Estaba convencida de que yo no podría hacerle nada, y seguía pisando mis puntos débiles como si nada.
Pero nadie es perfecto, y algún día todo se le va a venir encima. Solo es cu