Aún estaba en shock y con el corazón a mil por hora, cuando de repente Sebastián entró por la puerta, con un vaso de agua en la mano. Aunque parecía más recuperado, aún tenía un poco de esa palidez enfermiza en el rostro. Se quedó parado en la puerta, mirándome con su habitual expresión impasible y una voz tan fría como siempre.
—Ya despertaste.
Yo también me preguntaba cómo, cuidando a un enfermo, terminé durmiendo en su cama, y ahora el enfermo me traía agua… ¡Qué desastre!
—Toma un poco de ag