Esta vez Daltro tuvo que llevar a su madre al médico. Dimi, por su parte, desapareció inmediatamente ante mi sugerencia. Le dejé claro que no debía preocuparse, ya que no había tenido intención de hacerle daño.
Cuando Daltro regresó con su madre, yo estaba en el salón con las niñas y el bebé. Anya estaba apoyada en su hijo y tenía un enorme vendaje sobre el ojo. Lo bueno fue que cuando me miró, quizá sólo me asusté a medias.
- ¡Pirata! - La señaló el bebé.
- ¡Hablas, joder! - le fulminé con la