AMELIA acababa de dejar el teléfono suavemente sobre la mesa; su conversación con Dorian sobre las entregas de flores aún rondaba en sus pensamientos. Exhaló, frotándose la zona lumbar, cuando el sonido de pasos en el pasillo llamó su atención.
Sus ojos se iluminaron al instante cuando se abrió la puerta.
—¡Hola, Claire! ¡Viniste! —exclamó con una sonrisa que iluminó su rostro. Le costó levantarse, pesada por el embarazo, pero su alegría la impulsó a ponerse en pie.
—Sí... sí, hermana —respondi