LA BOUTIQUE estaba llena con su habitual y suave murmullo de actividad. El nombre “Satin & Sage” brillaba en cursiva dorada sobre las puertas de cristal, captando la atención de las mujeres que pasaban por delante. En el interior, estantes de vestidos elegantes resplandecían bajo luces cálidas; sus tejidos susurraban clase y distinción.
En la sección de damas, Amelia estaba de pie con una de sus vendedoras, con una carpeta en la mano. Sus ojos, tranquilos pero agudos, recorrían las exhibiciones