Enfrenté a Cebolla y al retroceder tropezó con una matera la cual se partió, Rata me tomó por el brazo y Beatriz se alejó asustada por la reacción. Mi amigo calmó a la gente, le dijo al administrador que pagaríamos los daños. La cara de Cebolla era de total asombro.
—Se lo juro, señor. No sabía nada referente a la señorita Verónica, no sabía que se encontraba en Bogotá.
—¡No me digas, tremenda coincidencia, no!
Beatriz tomó mi mano y se la quité con brusquedad, hace un momento se lo permití par