Lo veíamos hablar. Se veía feliz, en verdad mi hermano lo estaba.
—Es una buena muchacha.
—Por lo que les pasó a sus padres se fue por un mes, gracias a Dios regresa mañana y no quiero pasar más tiempo lejos de ella, así que háganse a la idea, apenas se gradúe me caso. —El viejo Fausto se quedó con la boca abierta, me levanté y abracé a Santiago.
—Bueno hijo… —Se le formó un nudo en la garganta—. ¿Qué puedo decirte?, felicidades, es una buena mujer.
—Y la amo con el alma.
—Eso es lo único impor