No podía dejarla sola, eso jamás. No me quedaba nada más que esperar a que llegara su amigo.
—Bueno… Gracias. —Se sentó a mi lado otra vez—. El piso parece que se me está moviendo. —solté una carcajada, ella al verme reír sonrió conmigo—. Ya estoy borracha, es mi segunda borrachera, no sé si te lo conté, la primera fue después de la muerte de mi mamá, cuando comprendí que nunca volvería… Es irónico, hoy me di cuenta de que tú tampoco volverás.
Volvió a reír con llanto incluido y apreté mis puño