Seguía escribiéndome con Raúl, pero debía poner un alto, solo se lo digo a mi mente, apenas pueda llenaré de preguntas.
«Él no toma, ¿pasó algo?»
Esto era una estupidez, no podía evitarlo, guardé el celular y entré a la casa. En la sala esperaba mi padre, ya había dejado en el cuarto a Santiago, le di las buenas noches.
—Ya puedes acostarte papá, regresamos a casa.
—Sí, ahora si me dio sueño. —sonreí.
—Hasta mañana.
—Que Dios te bendiga, hija.
—Gracias, papá.
Me quité la ropa e ingresé al baño,