Capítulo 61 - Despertando

Al despertar, la habitación era diferente, no había tantos aparatos como en la mañana. Recordé el llanto de Roland, lloraba y pedía que me despertara. Mi padre y hermano leían sentados en el gran sillón al costado derecho del cuarto. Santi con un libro en la mano, papá con el periódico. Roland, por el contrario, con su portátil entretenido, sumergido quién sabe en qué.

Los miré por un rato, no recuerdo nada hasta la madrugada de hoy cuando lo escuché llorando, jamás pensé que saldría de la máscara de hierro. Un hombre como él, tan seguro de sí mismo, tan implacable en sus decisiones y verlo mostrar un poco de debilidad fue el mejor recibimiento. No sé qué le hice, sin embargo, él había calado en mi alma de una forma enfermiza, inexplicable. Me moví un poco y ellos reaccionaron al tiempo.

—¡Hija! —habló papá y al mismo tiempo…

—¡Vero!

Santiago tomó mi mano, tenía el rostro desencajado, los ojos hundidos y la nariz vendada. El golpe fue duro.

—¡Verónica!

Miré a mi novio, volvió a ser el
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