Me senté en el sillón de la sala de espera, al frente mío una vez más vi el anciano que se sentó ayer al lado de Raúl. No dejaba de moverme. Por mi culpa tendrá una horrible cicatriz en su bello cuerpo.
—¿Por qué le pasan cosas a ella?
Hablé en voz alta, me movía a delante y atrás en el mueble. Como si me meciera.
—Confía en Dios.
Habló el anciano, lo miré con ganas de matarlo. Qué sentido tenía escuchar a todo el mundo, mencionar al ser más malvado del universo. No se habían dado cuenta de que