La luz del nuevo día se filtró por las pequeñas ventanas de la habitación del yate, desde ayer nos encontrábamos en mar abierto. Me tenía abrazada y yo encajaba en su regazo a la perfección, su largo brazo estaba sobre mi seno.
Rebobiné el día de ayer «me acosté con él». ¡No Dios! Recuerdo hasta que me acostó. Me miré la ropa, tenía pijama puesta y ropa interior limpia ¿Dios lo hice? Él se movió, sentí la erección en mi trasero, salí apresurada de la cama, no sentí el cuerpo diferente. Como era