Ingresamos al auto, ¡qué delicia!, por el aire acondicionado, fue tan agradable. El calor era abrumador y sofocante. Cebolla y Simón nos llevaron hasta una bahía, ahí nos esperaba una lancha para llevarnos a altamar, miré al horizonte, vi el yate.
Roland tomó la maleta, se alejó con Rata, hablaron en privado, mientras esperaba con mis pies metidos en la arena de playa, estaba tibia. Me había distraído tanto recordando cada situación desde que lo conocí, no me di cuenta en qué momento se fueron