Dijo con esa voz que era corriente directa a mi entrepierna. Aníbal sin darme tiempo a nada pegó su boca a la mía y como si fuera un tsunami se vinieron abajo todos mis muros, las lágrimas me abordaron, todo el dolor, el sufrimiento por este tiempo al creerlo muerto. Fue el beso más apasionado y al mismo tiempo más corto.
—Perdóname Encanto, sabes que no me gusta inspirar lástima.
Comencé a darle puños en su pecho mientras me abrazaba y besaba cada parte de mi rostro. El llanto reprimido emergi