Arrastré con una facilidad absoluta al gorilita que puso la mano en la cintura de mi mujer.
—¡Suéltalo!
Miré a Shirly, ahora era otra persona, ella notó mi cambio y prefirió callar. Roland estaba a un lado, al pendiente de la situación, pero sin participar.
—Escúchame muy bien. —Le dije al tipo que lo tenía del cuello—. Si vuelves a contestarle una llamada a mi mujer voy a saberlo y te juro que te despellejaré vivo. ¿Entendiste? —Lo último lo dije en voz suave y riendo, como si fuera un loco. D