Se me arrugó el alma, ver la alegría en esa mirada. «Señor Dios, protégemelos». Cuando la maestra los invitó a ingresar, Victoria tenía los ojos cristalinos, tomó de la mano a Liam, nuestro colado tenía la boquita como pico de pollo, hacia un gran esfuerzo para no llorar. Dante se ubicó al lado de su hermano menor y Enrique al lado de su hermana. Al notar lo tristes que estaban habló.
—¡Mami, papi! ¿Van a estar afuera cuándo salgamos?
Debe de haber una conexión especial al ser gemelos. Lo relac