—Habitación cuatrocientos treinta. —dijo Simón en mi oído.
—Encanto, voy al baño a hacer del número dos. Ya regreso. —Su carita era de angustia, le guiñé un ojo y salí de la discoteca del hotel.
—Cereza…
—La estoy vigilando.
—Gracias hermano.
Llegué al ascensor, pulsé el piso cuatro, me había puesto el traje antibalas que era una chimba, la mejor inversión que he tenido, cuando vi a Simón y a Cebolla recibir esas ráfagas de tiros y parecían dos vigas de acero, me dije que me compraría uno de es