Luisa bajaba las escaleras con mis mocosas, la intercepté para ayudarla, tomé en brazos a Milena.
—Gracias, amor. Andrea no se calma, sabes cómo se enoja si me demoro en alimentarla, no sabes la falta que me hará mi mamá, debemos pensar en contratar una niñera.
—¿La señora Consuelo se regresó a su rancho?
—No, amor. Anoche Inés la llamó, le suplicó que debía estar en casa de Roland. Anoche me quedé dormida y no hablamos.
Era cierto, no quise levantarla, desde que nacieron las niñas Luisa no ha