Sin duda estaba alucinando. Debía de ser la confusión. Iba a sacarla de dudas, pero ella comenzó a hablar. Con insultos a mi madre.
—Pregúntele a su madre si recuerda a Roland Sandoval. ¿Cómo te llamas?
—No le interesa y, respete a mi madre, usted no la conoce. Además, ¿qué tan importante es ese tal Roland Sandoval?
—Su madre le dirá que es su hermano al que dejaron abandonado, y respondiéndole a su pregunta. Él es el amor de mi vida. —Mi traicionero corazón volvió a galopar.
—Entonces dígale a