Eran más de las tres de la mañana cuando me metí debajo de las cobijas, en una colchoneta estaba Diana con la cuna de Isaac a su lado, Luisa salía del baño. Mi comadre se sentó, la he notado pensativa.
—¿Te pasa algo?
Le pregunté, estaba muerta de cansancio. Luisa se acomodó en la otra colchoneta. Estos dos días hemos hecho una buena empatía y Clarisa era un amor de mujer, con razón Daniel la adora; era una mujer bajita, rellenita sin perder las curvas de su cuerpo, cabello a los hombros y con