Miguel tenía razón, pero le juré a Roland cuidarla.
—Rata, debemos resolver muchas cosas, mientras nos encontremos atados cuidándola, se nos puede escapar el hijo de puta de quien lo mandó a matar.
—Lo sé. Trata de buscar lo que nos pueda ayudar.
Ingresé al cuarto de la señora Verónica, me senté en una de las sillas a un lado de la cama sin dejar de mirarla, tenía mucha rabia. La vi abrir sus ojos, por un largo rato nos quedamos mirando, ¿Qué pensará esta mujer? Su actitud de debilidad me est