Las palabras no salían de mi garganta, sentía que se había cerrado y hasta tenía miedo de no poder respirar.
Jorgelina, que estaba presente en nuestra charla, se dio cuenta de lo que me estaba sucediendo y comenzó a masajear mi espalda, hasta que logré tranquilizarme.
-Rocío, de verdad te digo, estás súper voluble, lo mejor es que te quedes acá esta noche.
Karen estaba de acuerdo con las palabras de mi nueva amiga.
-Yo me quedo a cuidarte.
-No Karen, vos tenés hijos y un marido, me quedo con la