Por Ramiro
Apenas me abre la puerta la mucama, entré con premura.
Me dirigí directamente al enorme y luminoso salón en donde mi cuñada solía estar.
Me quedé inmovil al ver que estaba con Rocío.
No esperaba verla allí, la emoción, la culpa, la angustia de pensar que había fallecido, el amor que sentía por ella, todo se juntaba.
Avancé lentamente, detallando su rostro, sus ojos, su cuerpo…
Al llegar hasta ella, la rodeé con mis brazos.
Yo temblaba como una hoja seca que era arrastrada por un fuer