Por Ramiro
Estoy en mi cama, abrazado a su almohada, llorando como un niño.
Mi felicidad, esa de saberla viva, está empañada por lo que ella pasó cuando enfermó.
Huelo su almohada, no sé si tiene su perfume, posiblemente se perdió con el tiempo, pero yo lo huelo, lo quiero oler, o lo imagino.
Hoy sí sentí su maravilloso aroma, toqué su piel…
Sentí su indiferencia, vi sus ojos tristes, su mirada parecía no tener vida, salvo por los momentos en que se llenaban de lágrimas.
Por mucho tiempo la cre