Por Rocío
Dios separó de mi vida a un hombre maravilloso, y aunque no le encontraba razón de ser, comprendí que tenía que resignarme a su ausencia, porque otra opción no tenía.
La soledad me embargaba.
Por eso estaba tantas horas en esas clínicas, no quería estar sola en mi casa, era demasiado grande, aunque la calidez estaba en cada detalle, tal como lo estaba en Gabriel, en sus actos.
No estaba totalmente sola en esa casa, tenía varias personas de servicio que no dejaban de mimarme, pero era