No sé qué tiempo había pasado desde que cerré los ojos, tampoco entiendo por qué nadie corrió en mi ayuda ,ni puedo explicarme por qué o quién me había dado ese golpe tan fuerte y menos aún conocía el motivo por el que lo habían hecho .Pero en este punto lo único que podía afirmar con seguridad es que ya no estaba en el hospital.
Mis manos estaban atadas a unas gruesas cadenas unidas por un enorme candado a las vigas del techo dejando mi cuerpo totalmente extendido y apenas podía sostenerme con