—¿Qué harás? — preguntó mi comcienciencia haciéndome suspirar con frustración
Por lo pronto decidí ignorar sus mensajes hasta la próxima década o al menos el mayor tiempo posible. Tiré el móvil a la mesa de estudios cansada y corriendo las mantas de mi cama me metí bajo ellas intentando dejar mi mente en blanco mientras observaba las estrellas más allá del cristal de mi ventana. Unos minutos después mis párpados se hicieron cada vez más pesados y sin poder impedirlo me dormí.
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