Punto de vista de Elena
Mis muslos seguían húmedos y pegajosos.
El viaje de regreso a casa había sido una tortura. Cada vez que me movía en el asiento de cuero, sentía el recuerdo de la mano de Rick ardiendo en mis nalgas; la memoria de susurrarme con rabia «¿Quién te dio derecho a tocar lo que es mío?» en el aparcamiento me mojaba las bragas una vez más. Flotaba en una nube de deseo prohibido, y mi mente reproducía una y otra vez el momento en que casi me toca allí mismo, en el coche, pero dec