Nicolás.
No, nada estaba bien. No pudo conciliar el sueño, los síntomas del resfrío solo incrementaron e incluso tuvo fiebre. Los dolores musculares eran casi insoportables; llegó a un punto que ni los analgésicos ayudaban como patéticamente esperó. Su condición era cada peor y temía que aquello siguiera empeorando con el paso de las horas. No tuvo más opción que llamar a Nicolás. Odiaba sentirse débil, enfermo y odiaba más tener que molestar a su amigo. Sin embargo, Nico no dudó en ir a verlo y ahora N