El mar, especialmente en un radio de 10 millas donde los ojos podían ver, era prácticamente interminable. Incluso los nadadores veían cómo sus fuerzas se evaporaban a medida que la esperanza de ver tierra o de ser rescatados, junto con el calor de su cuerpo, se iba desvaneciendo poco a poco por las garras del agua helada. Sin los preparativos y el equipo necesarios, la muerte estaba asegurada.
Dos guardaespaldas tiraron de Sandy por el brazo con todas sus fuerzas, pero la obstinada mula se resi