Era inútil seguir intentando hablarle a Hubert. El tipo estaba extraviado en un mundo fatuo, tonto y necio, de fantasías, aplausos, éxitos, vítores y mujeres hermosas Me le acerqué arriesgándome a que me vuelva a meter un puñetazo, y le besé la cabeza. -Cuídate bastante, Hubert-, le pedí conteniendo las lágrimas y me dispuse a partir cuando, de repente, Hubert balbuceó entre los dientes sin mirarme. -Eres una buena mujer, Jacky, una buena mujer-, murmuró con dificultad, arrastrando las palabr