Sebastián se inclinó y comenzó a limpiar las manchas en la lápida de su madre, con su expresión serena.
—Mamá, tengo otra buena noticia para ti: me voy a casar con Isabela. La has visto crecer desde niña, y tal vez te alegrará saber que nos vamos a casar. En cuanto a Camila, mamá… me arrepiento.
El cielo retumbó, cubierto de nubes oscuras.
Sin embargo, la confesión de Sebastián resonó más fuerte que el trueno.
Caminé a su lado, con la mirada perdida, observando cómo amablemente le abría la puer