—¡Sí!
Con una voz atronadora, los siete u ocho guardaespaldas que Patricia había traído se colocaron inmediatamente frente a Juan, enfrentándose en completo silencio a los hombres de Julio.
En un instante, el salón quedó en silencio absoluto.
El gesto de Patricia dejó a todos los presentes atónitos, con grandes expresiones de asombro.
La ilustre señorita de los Ares, ¿defendiendo así a este simple muchacho?
En ese momento, el rostro de Julio se tornó muy sombrío: —Sobrina Patricia, ¿qué signific