Con el eco de aquella voz inesperada, una mujer vestida con un largo traje blanco apareció caminando con gran elegancia.
Era alta, de una belleza deslumbrante, y desde lejos, parecía una delicada orquídea blanca en un valle solitario, eclipsando por completo a todas las mujeres presentes.
¡Era la señorita de los Díaz!
Todos los presentes abrieron los ojos con gran sorpresa.
Julio la miró con una expresión sombría y dijo: —Marta, sobrina, dime ¿qué significa lo que acabas de decir?
—Marta, hoy es