Después de decir esto, él también se retiró en ese momento de la mesa.
—Papá—Laura quiso salir corriendo tras él.
—Laura, no te preocupes por tu padre, él es muy terco—dijo Ana mientras la detenía y esbozaba una sonrisa muy fría. —Realmente no entiendo por qué tu padre es tan bueno con ese miserable campesino, como si fuera su propio hijo.
—Bueno, bueno, tranquilos sigamos comiendo.
Al escuchar esto, todos se sentaron de inmediato y comenzaron a comer.
David, impaciente, abrió al instante la bot