Juan levantó la mano y, con un solo movimiento, partió el brazo de su atacante en dos, mientras su voz tenebrosa resonaba en el aire: —Te rompo un brazo como castigo.
Con Elena presente, no quería llevar las cosas a tal extremo.
—Lárgate, no quiero verte nunca más.
Felipito, sujetándose asustado el brazo roto, no dijo una palabra más y salió huyendo apresurado.
Incluso los más ingenuos sabían que Felipito había encontrado a alguien con quien no podía competir.
Nadie, ni siquiera los que ante