La expresión de Carmelo cambió de inmediato tras las palabras de Juan.
Había soportado que Juan lo golpeara hasta escupir sangre, porque reconocía que era inferior en habilidad. Pero obligarlo a abofetearse públicamente sería una terrible humillación que pondría en ridículo a la Orden de los Caballeros Estelares.
En ese momento, una voz aterradora resonó desde la distancia: —Juan, ¿no crees que estás siendo demasiado inflexible?
Apenas terminó la frase, una figura cruzó el aire como un gran relá