Ahora que su hermano Pierdrita estaba encargado de curarla, Marta no podía evitar sentirse inútil, como si fuera un estorbo incapaz siquiera de ayudar en lo más mínimo.
Conteniendo las lágrimas, Marta preguntó: —Pelayo, ¿dijiste que él se fue a Valle de los Eternos?
Pelayo afirmó y respondió: —Sí, el señor González mencionó antes de irse que buscaba una planta medicinal que, según parece, está en Valle de los Eternos.
Marta apretó por un instante los dientes, algo nerviosa, y luego, con vacilaci