El líder de los tres hombres aceptó y dijo: —Tobías, no te preocupes. Nos encargaremos de recuperar la Ginseng de Sangre Centenaria.
—¡A matar! —gritó Ciriaco, siendo el primero en atacar.
En un abrir y cerrar de ojos, se movió como un rayo y apareció frente a Juan.
—¡Muchacho, muere! —gritó mientras lanzaba un puñetazo demoledor, tan fuerte como si una montaña se desplomara directo sobre la cabeza de Juan.
En ese instante, quedó completamente expuesta la verdadera fuerza de Ciriaco: era un expe