Ahora que había perdido su trabajo, ¿cómo iba a pagar el préstamo de cien mil dólares al mes?
Como Onofre estaba cerca de él, también escuchó muy bien lo que dijo Isabel.
En ese instante, un zumbido llenó su mente, y su rostro palideció como un papel.
¡Arrepentimiento!
¡Un arrepentimiento infinito!
Nunca debería haber provocado de esa manera a Juan.
Ahora todo estaba perdido; incluso el trabajo de su padre se había ido al traste.
De repente, Ulises se arrodilló con humildad frente a Juan, con un