—Matar a un inútil como tú simplemente ensucia mis manos— dijo Eladio con una sonrisa sádica, sin ni siquiera mirar el cuerpo caído en el suelo.
Esta escena repentina dejó a Diego, Feliciano y los demás completamente perplejos.
—¡Lautaro!
—¡Hermano!
Feliciano y el último joven que quedaba junto a él mostraban en sus rostros una profunda tristeza e incredulidad por lo sucedido.
Juan solo pudo sacudir la cabeza en absoluto silencio. Ya había advertido con anterioridad a Feliciano, pero ni él ni La