Leandro se encontró con su mirada y esbozó una ligera sonrisa: —No hay condiciones, considéralo como un regalo de mi parte.
Marta se quedó muy pensativa.
Como si hubiera adivinado en ese momento sus pensamientos, Leandro continuó: —Ya sé que ahora tienes a otro hombre, así que he dejado de tener esperanzas en tí. No tengo ninguna intención de insistir más.
—Solo quiero hacer lo que pueda para ayudarte, así no tendré ningún arrepentimiento.
—Por supuesto, si insistes en agradecérmelo, invítame a