Era difícil creer que ese sonido proviniera del cuerpo de un niño.
—Gran Anciano, no digas más, ya he tomado una decisión. Te ruego que me dejes ir. Juan miró fijamente a Albino, el Gran Anciano, y su rostro cambió al instante.
Este hombre era aún más fuerte que un Rey Guerrero: un Gran Guerrero Emperador.
Si realmente intentara detenerlo por la fuerza, Juan temía que no tendría ninguna oportunidad de resistirse.
—El señor González está equivocado. No tengo intención alguna de retenerlo a la fue