Con un solo corte, la espada de Arcadio rompió la barrera de sonido, pero no continuó atacando.
Solo dijo con tranquilidad:
—Joven Juan, soy Arcadio. Si no aceptas, te aseguro que él no se atreverá a forzarte.
Claramente, Arcadio aún guardaba rencor por lo sucedido anteriormente. Ahora, se había presentado solo para desafiar a Atanasio.
—¡Arcadio, estás buscando la muerte! —Atanasio, que inicialmente no le dio mucha importancia a la ruptura de la barrera, se enfureció al escuchar esas palabras.