El cuerpo de Delfín se encogió con agilidad, logrando apenas evitar que la Espada de la Destrucción Maligna lo alcanzara.
—¡Qué cerca! —pensó, aliviado de haber esquivado el golpe mortal.
Aprovechando la oportunidad, Delfín retrocedió instintivo varios metros. Con una rapidez casi inhumana, comenzó a presionar con los dedos la herida en su brazo amputado, deteniendo el flujo de sangre que salía con fuerza.
—¿Qué ha pasado? ¿Cómo fue que, en un abrir y cerrar de ojos, el líder de la Comunidad de