Ambos se quedaron en silencio por un momento. A pesar de que la mesa ya estaba llena de mariscos, ninguno de los dos levantó la mirada, solo comían en completo silencio.
Fue Marta quien rompió en ese momento el hielo: —Juan, ¡casémonos de nuevo!
Juan se atragantó con el trozo de marisco que estaba masticando.
—¿Qué dijiste? —preguntó sorprendido, tomando un sorbo de agua para recomponerse.
—Lo que dije es, ¡casémonos de nuevo! —Marta, con más valor esta vez, repitió la propuesta en voz alta, lo