Al ver que todos los presentes tenían alguna relación con Juan, Evaristo se sintió lleno de satisfacción.
Recordó aquella noche en el banquete de la familia Delgado, cuando no tuvo el valor suficiente de enfrentarse a Juan. Ahora, ese recuerdo parecía ser un mal trago del pasado que, finalmente, se tragó con facilidad.
Juan, pensó, no tenías idea, ¿verdad? Todas las personas que conoces aquí en Puerto Lúmina, las tengo bajo mi control.
Evaristo miró a los prisioneros frente a él, especialmente a