—Uno, dos, tres... —contó Juan en voz alta, mientras señalaba a las pocas personas que los hermanos Delgado habían logrado reunir a su alrededor.
—Solo quedan seis. Orlando, dime la verdad de lo que ocurrió aquel día. De lo contrario, la familia Delgado desaparecerá para siempre esta noche —declaró firmemente Juan, con una voz fría cargada de intención asesina. La determinación en sus palabras no dejaba lugar a dudas: estaba dispuesto a llevar a cabo su amenaza.
—¡Juan, sigue soñando! Aunque me